SER FELIZ SIRVIENDO A LOS DEMÁS DESDE MIS APTITUDES.
(Michael Himes)
Hay muchos ejemplos o fábulas que muestran a alguien que pudiendo ser o hacer grandes cosas, por alguna razón, se conforma haciendo lo más bajo. Por ejemplo está el caso del leñador que encontró un huevo de un águila en la montaña y fue empollado por un chompipe. Junto a los chompipitos, cuando rompieron el cascarón al nacer también salió el bebé águila. El hacía todo lo que hacían sus “hermanitos” y aunque su dueña le dijo que volara alto, nunca lo hizo por temor y murió pensando que él era un simple ave de corral.
El Profesor Himes tiene tanta razón cuando estaba preparando el contenido de su conferencia. Tomó en cuenta su cúmulo de conocimientos adquiridos de psicólogo, humanista, quizá antropólogo y por supuesto toda la doctrina cristiana respecto al valor de la vida. Lo que es valioso en este contenido es la capacidad que tuvo para distinguir las tres partes esenciales del proceso vocacional de todo ser humano. Esta dinámica es tan sencilla de entender que parte precisamente de la primera pregunta: ¿soy bueno para ello?
Desde que fuimos hechos por Dios Padre y Madre, respiramos el aliento Divino y nos constituimos en imágenes y semejanzas del Ser Supremo. Si Dios es Amor y en su aliento vibra el amor, entonces nosotros somos un soplo de Amor Divino. El simple hecho de poder estar en este planeta es realmente una única oportunidad de testificar la voluntad del quien nos hizo todo bien. Por lo tanto, Dios nos hizo para ser FELICES.
Esta felicidad no es igual a lo que significaría alegría, sino es más. La felicidad es la realización de la persona en sí. Es sentirse inclinados en la realización del bien, en el desenvolvimiento de las propias cualidades. Es sentirse realizado en donde las cualidades, las capacidades psíquicas, físicas, intelectuales y espirituales se sumen en la persona concreta. Esta persona es la que está realizando actualmente la experiencia de formación en esta universidad.
Si el profesor Himes hubiera conocido un poco el calendario Maya, hubiera dicho que cada persona, nace con su NAHUAL del día en que nació. Y ¿cómo funciona este calendario? Resulta que cada día, en el calendario de 13 días y 18 meses, trae una energía que el cosmos (Dios) transmite a los niños o niñas cuando nacen. Por eso los abuelos o padres de familia Mayas dicen que si se nace en esta o en otra fecha, ya trae el bebé tal o cual energía. Por lo tanto hay que rezar en cada 20 días por el niño o niña para que vaya descubriendo con el apoyo de sus padres la vocación o misión que ha recibido. Si la persona hace o fortalece sus cualidades que trae, seguramente es el joven o señorita feliz porque lo que hace, le gusta y lo realiza como persona.
La segunda pregunta, tanto el profesor Himes como en el calendario Maya, si ya se tiene una inclinación hacia por dónde se encuentra la felicidad, entonces es momento de potenciar todas las cualidades, virtudes para poder realizar lo que se ama y se quiere. Se necesita del apoyo de la ciencia, del conocimiento o experiencia de personas para poder hacer el trabajo. Mientras sé cómo desenvolverme en lo que me hace ser feliz, voy a ir logrando mis objetivos o metas y me anima a continuar con los sueños de felicidad. Hay varios maestros que te pueden ayudar e ir enseñándote el camino y es bueno escuchar consejos de viejos.
Finalmente con la tercera pregunta, si a alguien le va a servir lo que voy a hacer. Aquí entra el ser social de la persona en donde se dice que nadie puede vivir sólo y que todos nos necesitamos. Tengo un amigo que le gusta decir sobre la huella que se deja al hacer las cosas. Qué huella vamos a dejar en la historia, con qué nos van a recordar las generaciones futuras. De eso se trata, pero no es sencillo porque es tomar el azadón en la mano y actuar.
Para Himes la razón de mi accionar hacia los demás es el AMOR. Para los pueblos Mayas, la razón del ser es la SOLIDARIDAD, darte mi mano para que la ocupes según tus necesidades, y más tarde necesitaré de los tuyos. Hay un sentido muy valioso de la vida en comunidad. Quien sufre, el enfermo, el pobre, el más necesitado es el dueño innato de mis manos, de mis fuerzas, de mis cualidades, de mi obra. Por lo tanto a ellos voy y sirvo con alegría. Me siento bien así y ellos también conmigo y juntos vamos tejiendo el petate de la vida y de la historia dejando huella con nuestras obras solidarias.
Las dos palabras mágicas y reales de Himes, sabiduría y valor ya están incluidas en la concepción solidaria del pueblo Maya y es de esta manera que vamos sintiéndonos personas, hermanos, solidarios hijos de un mismo Dios. Quizá soy bueno para una cosa, pero tú también eres bueno para otra y juntos unimos nuestras fuerzas para mejorar nuestra vida, nuestra familia, nuestra comunidad y nuestro país.
21 de abril de 2010
jueves, 22 de abril de 2010
Tejiendo el petate de la historia...
Cuenta mi abuela Xuwyak que para hacer un petate (tipo de colchón al estilo Maya) tenía que prepararse y emprender el camino hacia el lugar donde está el magüel, materia prima para hacerlo y ya tener la idea de qué tamaño va a ser y para lo que va a servir.
Eleva una plegaria al cielo y se va. Lleva consigo un machete, un lazo con mecapal y un morral de pita hecha por ella misma en donde envuelve en hojas de K'ox sus tortillitas, su Sachil (pepita molida), su atz'am e ich (su sal y su chilito). En su Tzimá (jícara) lleva agua hervida y una bola de maiz molido con una pizca de zapuyul o semilla de zapote tostado, hecho polvito.
La abuela canta, pero su canto no tiene letra, la letra es el sentimiento conque va naciendo las notas musicales desde su experiencia de vida. Recuerda su infancia, su juventud y ahora sabe cómo somos nosotros con ella, y en algunas ocasiones, su voz se quiebra al hablar y sus hojos se llenan de agua cristalina que limpia su dolor por nuestras desobediencias, (... antes la gente era buena, nos recordaba constantemente).
Despues de caminar mucho tiempo, porque ella no sabía que era "la hora" regresaba con un tercio de material que se convertiría en algún tiempo futuro en un hermoso petate.
Todos nosotros, de mirones no le poníamos mucho interés a lo que nos decía, ... éramos niños.
Nos decía que el inicio del trabajo se juntaban tantas puntas del maguëy de diferente manera, pero que ella ya sabía para qué dirección iba ir cada una. Ninguna quedaba suelta, ni nada hacía falta. todo estaba ya completo y recuerdo que le costaba el comienzo, ya que algunas filas no querían o no quedaban como se necesitaría para hacer un buen petate. Después de un largo tiempo, ella lograba dirigir y unir a la vez cada una y era un gran logro y felicidad verla terminar la primera fila de tal obra.
Nos íbamos a jugar, pero ella no perdía el rumbo de su trabajo, cuando regresábamos notábamos su avance. Por las tardes, después de comer junta al fuego, ella jalaba nuevamente ese objeto que no tenía forma y nos empezaba a hablar de muchas cosas. A veces nos aconsejaba, otras veces nos contaba cuentos que ella escuchó de niña, a veces nos cuenta la historia de su vida cuando era niña y jóven. No olvido la historia cuando ella tenía que ir a prepararle comida a mi abuelo y otros hombres a la finca de la costa sur. Descalza, caminában más de una semana para llegar a las fincas cafetaleras. Llevaban sus hoyas, sus chamarras, sus perros, sus cosas que les servían a diario porque eran dos o tres meses que se ausentaban para ir a "ganar unos centavos". Nos contaba como eran las rancherías o las galeras donde dormían de noche y de día se convertía en su cocina. Como en la costa llueve fuerte, narra cómo el agua les mojaba toda la ropa cuando trataban de descanzar por la noche. Cómo alguna vez, tío Matín estaba acostado en esos lugares que no tenían pared y a la luz de la luna miraba ella cómo una serpiente pasó encima de la pobre y mojada chamarra o frazada que lo cubría. Era triste escuchar toda esa historia, por eso ella nos decía que el tiempo de ahora es mejor, los niños y algunas niñas van a la escuela y por eso teníamos que portarnos bien.
Terminada una historia, a veces larga, a veces corta nos decía que teníamos que persignarnos antes de ir a dormir. Ella en cambio con su Taj (ocote), corteza de pino con trementina, seguía alumbrándose para ir avanzando en su trabajo. La abuela nos quería mucho y a veces se iba a quedar por las noches con algunos otros familiares, y nosotros ya la queríamos porque era como estar en una casa vacía sin ella.
El petate de la abuela aún no está terminada, por eso la sabiduría de los abuelos o ancianos y ancianas del pueblo Maya es raíz para que nosotros hoy, sigamos tejiendo esa historia. Al igual que ella estamos experimentando momentos de alegría, de tristeza, de grandes retos, y ahora como comunicador, la tarea que nos toca para que el petate sea para el bien de todos. Nadie que quede afuera y como dice el libro de Ana María Miralles, es necesario que alguien ayude a que la voz del ciudadano común se de a conocer en el periodismo o en todos los medios que existen en la sociedad. Así lograremos fortalecer una sociedad democrática, en donde todos, al igual que los hijos del Magüey, tenemos parte activa.
Eleva una plegaria al cielo y se va. Lleva consigo un machete, un lazo con mecapal y un morral de pita hecha por ella misma en donde envuelve en hojas de K'ox sus tortillitas, su Sachil (pepita molida), su atz'am e ich (su sal y su chilito). En su Tzimá (jícara) lleva agua hervida y una bola de maiz molido con una pizca de zapuyul o semilla de zapote tostado, hecho polvito.
La abuela canta, pero su canto no tiene letra, la letra es el sentimiento conque va naciendo las notas musicales desde su experiencia de vida. Recuerda su infancia, su juventud y ahora sabe cómo somos nosotros con ella, y en algunas ocasiones, su voz se quiebra al hablar y sus hojos se llenan de agua cristalina que limpia su dolor por nuestras desobediencias, (... antes la gente era buena, nos recordaba constantemente).
Despues de caminar mucho tiempo, porque ella no sabía que era "la hora" regresaba con un tercio de material que se convertiría en algún tiempo futuro en un hermoso petate.
Todos nosotros, de mirones no le poníamos mucho interés a lo que nos decía, ... éramos niños.
Nos decía que el inicio del trabajo se juntaban tantas puntas del maguëy de diferente manera, pero que ella ya sabía para qué dirección iba ir cada una. Ninguna quedaba suelta, ni nada hacía falta. todo estaba ya completo y recuerdo que le costaba el comienzo, ya que algunas filas no querían o no quedaban como se necesitaría para hacer un buen petate. Después de un largo tiempo, ella lograba dirigir y unir a la vez cada una y era un gran logro y felicidad verla terminar la primera fila de tal obra.
Nos íbamos a jugar, pero ella no perdía el rumbo de su trabajo, cuando regresábamos notábamos su avance. Por las tardes, después de comer junta al fuego, ella jalaba nuevamente ese objeto que no tenía forma y nos empezaba a hablar de muchas cosas. A veces nos aconsejaba, otras veces nos contaba cuentos que ella escuchó de niña, a veces nos cuenta la historia de su vida cuando era niña y jóven. No olvido la historia cuando ella tenía que ir a prepararle comida a mi abuelo y otros hombres a la finca de la costa sur. Descalza, caminában más de una semana para llegar a las fincas cafetaleras. Llevaban sus hoyas, sus chamarras, sus perros, sus cosas que les servían a diario porque eran dos o tres meses que se ausentaban para ir a "ganar unos centavos". Nos contaba como eran las rancherías o las galeras donde dormían de noche y de día se convertía en su cocina. Como en la costa llueve fuerte, narra cómo el agua les mojaba toda la ropa cuando trataban de descanzar por la noche. Cómo alguna vez, tío Matín estaba acostado en esos lugares que no tenían pared y a la luz de la luna miraba ella cómo una serpiente pasó encima de la pobre y mojada chamarra o frazada que lo cubría. Era triste escuchar toda esa historia, por eso ella nos decía que el tiempo de ahora es mejor, los niños y algunas niñas van a la escuela y por eso teníamos que portarnos bien.
Terminada una historia, a veces larga, a veces corta nos decía que teníamos que persignarnos antes de ir a dormir. Ella en cambio con su Taj (ocote), corteza de pino con trementina, seguía alumbrándose para ir avanzando en su trabajo. La abuela nos quería mucho y a veces se iba a quedar por las noches con algunos otros familiares, y nosotros ya la queríamos porque era como estar en una casa vacía sin ella.
El petate de la abuela aún no está terminada, por eso la sabiduría de los abuelos o ancianos y ancianas del pueblo Maya es raíz para que nosotros hoy, sigamos tejiendo esa historia. Al igual que ella estamos experimentando momentos de alegría, de tristeza, de grandes retos, y ahora como comunicador, la tarea que nos toca para que el petate sea para el bien de todos. Nadie que quede afuera y como dice el libro de Ana María Miralles, es necesario que alguien ayude a que la voz del ciudadano común se de a conocer en el periodismo o en todos los medios que existen en la sociedad. Así lograremos fortalecer una sociedad democrática, en donde todos, al igual que los hijos del Magüey, tenemos parte activa.
martes, 20 de abril de 2010
saludo.
Me alegra enormemente el poder escribir estas palabras en este sitio. No sabía cómo hacerlo, pero ahora ya tengo esta ventana que estará mostrando a mis amigos el rostro de una persona y pueblo Maya Q'anjob'al.
Este rostro es la identidad no solo de la persona sino también de otras personas que fueron el entorno en donde me crié y crecí.
saludos a todos amigos
Este rostro es la identidad no solo de la persona sino también de otras personas que fueron el entorno en donde me crié y crecí.
saludos a todos amigos
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